El gasóleo por las nubes… y usted por los suelos

A perro flaco, todo se vuelven pulgas. Si con la crisis económica se hace muy cuesta arriba de superar el mes sin sobresaltos por los ciudadanos, que hemos tenidos que ver como el actual Gobierno nos da un nuevo aguijón a modo de subida de impuestos, ahora es el gasóleo nuestra nueva cruz. Nada menos que hoy ha alcanzado su máximo histórico con 1,336 euros, batiendo los 1,329 euros/litros que alcanzó en julio de 2008.

¡Claro!”, luego nos dirán que el precio de los combustibles en España está por debajo de la media de la Unión Europea (1,465 euros el diesel y 1,553 euros la gasolina sin plomo de 95 octanos). Vale, admitimos “pulpo como animal de compañía”, pero tampoco es menos que nuestro poder adquisitivo se sitúa por debajo de la media europea, tanto en la renta media como a nivel de precios. Vamos que para que se hagan una idea, llenar un depósito de unos 50 litros de capacidad nos salé nada menos que 66.80 euros -11.000 de las antiguas pesetas, que diría un español cañí -.

En resumen, que la culpa del precio del carburante la tiene la devaluación del euro frente al dólar, quien se ha incrementado en un 14 por ciento dese abril de pasado año, según la Asociación Española de Operador de Productos Petrolífero (AOP).

Con el ‘tsunami’ de la crisis instalado en nuestra “piel de toro”, cinco millones de parados y congelación salarial a colectivos como los funcionarios, no es de recibo la cantidad de impuestos que se paga por este valiosa mezcla de hidrocarburos con los que funcionan los motores de nuestros vehículos. Ni tampoco que al carburante se le aplique un impuesto especial del 51 por ciento, del cual un 43 por ciento se lo llevan las petroleras y un 6 por ciento las gasolineras. Y todo ello sin contar el 18 por ciento del correspondiente IVA al que hay que sumar. No estaría de más una reducción en la presión fiscal, hablando claro una reducción del impuesto que para los combustibles están en su tipo mayor, el 18 por ciento. Vamos que podría bajarse en uno o dos puntos por ciento el IVA, aunque requeriría una aprobación de la UE, quien vigila la armonización fiscal de los países comunitarios.

Cuando la situación aprieta, es el momento de demostrar de qué pasta están hechos quines nos dirigen.

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