Los ‘carros’ de nuestros dirigentes

No corren buenos tiempos para la política, ni siquiera la Casa Real se libra de estar en el ojo del huracán del fraude, con algún miembro cercano a ella en un supuesto desvío de fondos públicos en las investigaciones que se están llevando a cabo al Duque de Palma, Iñaki Urdangarín. Todo ello en plena crisis, donde los gobiernos europeos, acuciados por la deuda, se embarcan en una carrera por recortar gastos y demostrar que la unión monetaria aún existe.

El cariño que demuestran nuestros políticos por su coche oficial es directamente proporcional al apego por las altas cilindradas

En esa urgencia de depuración aparecen los automóviles de nuestros estimables políticos, esas casas de lujo rodantes, que utilizan para sus confortables desplazamientos, ¡no vaya a ser que se lastimen! Entretanto, vemos los ciudadanos, como con nuestros impuestos se han empleado en aprovisionar más de 2.300 vehículos oficiales, de los que disponen tanto los altos cargos del Gobierno central como los representantes de las Comunidades Autónomas. Éstos últimos, con nada menos que 1.200 automóviles entre presidentes y consejeros. Vamos que entre diputaciones, ayuntamientos, instituciones oficiales y empresas públicas nos da la nada despreciable cantidad de 42.000. Menos mal que se van dando cuenta que tanto sacrificio presupuestario cuadra mal con los cochazos de lujo – chófer incluido -. El cariño que demuestran por su coche oficial es directamente proporcional al apego de las altas cilindradas.

¡Cómo puede ser que el Gobierno de Castilla La Mancha se gastase la ingente cantidad de 387.000 euros de un A8, para su presidente! Blindado, para más Inri, por lo que eso conlleva de tener que renovarlo de manera periódica, entre cinco y siete años. Incluso supera en precio los 300.000 dólares que cuesta el Cadillac One –como es conocido al modelo DTS –que utiliza el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

A falta de un censo exacto de un parque móvil, cuya dimensión aún hoy es desconocida, es bueno que vaya creciendo esa repentina ola de austeridad hacia una reducción drástica, aunque sea con el intento de deshacerse de los mismos mediante subasta pública –caso del Gobierno Regional de Castilla-La Mancha -. Y ya que tanto defienden al vehículo eléctrico, no estaría mal que predicarán con el ejemplo. Incluso aún mejor, si se decidiera como el primer ministro británico, James Cameron, que recién llegado a Downing Street, sacó la tijera y señaló que sus ministros, a partir de ese momento, deberían elegir entre andar, coger transporte público o compartir vehículo. La verdad es que no está nada mal la propuesta, ¿se apuntan al carro sus señorías?

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